Eventos Finales, los Jesuitas y el Control del Mundo
Introducción: Un mundo bajo control
Vivimos en un tiempo donde las fuerzas políticas, religiosas y económicas del planeta convergen hacia un mismo propósito: el dominio global. No se trata de teorías sueltas o de conspiraciones imaginarias, sino de una realidad profetizada y en desarrollo, donde “no tenemos opción si no encajamos con el bien común”.
El sistema mundial se mueve bajo la apariencia de paz, pero con intenciones de control. Las naciones, las ideologías y los movimientos sociales son como piezas de un tablero de ajedrez: los jugadores reales no son visibles, pero sus manos mueven cada ficha hacia un fin preestablecido.
El poder detrás del escenario
Se presenta una imagen simbólica: una “fuente de energía global” que conecta a todas las naciones bajo un mismo escudo. En su centro, las llaves cruzadas del Papado representan el poder de “atar y desatar” en el cielo y en la tierra. Es un retrato visual del control espiritual y político que ejerce Roma sobre el mundo moderno.
Los países, son peones en un juego mucho mayor. “El que entra por otra parte es ladrón y salteador”, cita, recordando que Jesús habló de quienes buscan poder sin pasar por la puerta del verdadero Pastor. Y de la misma forma, las naciones del mundo han tomado caminos distintos a la voluntad divina.
¿Crees que un poder que gobernó sobre reyes y naciones durante más de mil años se transformaría de pronto en una figura pasiva, inofensiva, sin influencia? Por supuesto que no, ya que el mismo poder que actuó en el pasado sigue activo hoy, solo que con un disfraz diferente.
Religión y Política: la vieja alianza
Para comprender los eventos actuales, debemos repasar la historia. Comprender cómo la alianza entre religión y política fue el eje del dominio papal durante la Edad Media. Inglaterra, por ejemplo, nunca fue completamente protestante. La llamada “Reforma inglesa” fue en realidad un acuerdo político: un sistema religioso estatal que mantenía las formas externas del catolicismo, con un barniz de independencia.
El resultado fue un cristianismo institucionalizado, decorado con símbolos masónicos: pisos ajedrezados, ojos que todo lo ven, escuadras y compases. Estos templos son una burla del Evangelio: “¿Qué tiene eso de cristiano? Es una abominación”.
El poder del Vaticano no se limita a su teología, sino a su influencia. Las guerras religiosas, la Inquisición y las cruzadas no fueron accidentes de la historia, sino la expresión de un sistema que buscó controlar la conciencia humana por medio del miedo y la autoridad eclesiástica.
El colapso del Protestantismo
El protestantismo, nació como una protesta contra la autoridad humana en los asuntos de fe. Pero hoy, ese espíritu de protesta se ha extinguido. “Han levantado los brazos al aire y firmado la carta ecuménica”, dice con dolor. “Han renunciado a la fe y al principio de la sola Scriptura”.
Las iglesias protestantes, lejos de mantenerse firmes, han regresado al redil del cual una vez huyeron. Han abandonado la justificación por la fe y han vuelto a confiar en las obras humanas, los ritos y la autoridad de los hombres.
Incluso figuras públicas que se identifican como cristianas desprecian la herencia protestante. Podemos citar el caso de Candace Owens, quien dijo: “No se puede ser protestante si se tiene medio cerebro”. Para el conferencista, eso refleja el cumplimiento de la profecía: ya no hay verdaderos protestantes, solo cristianos nominales que han hecho las paces con Roma.
La gran conspiración: el Dragón que mueve las piezas
“Me llaman teórico de la conspiración”, dice el autor, “pero la Biblia entera es una conspiración: una lucha entre el bien y el mal que comenzó en el cielo y termina en la tierra”.
El Apocalipsis revela esa trama. El dragón —símbolo de Satanás— da su poder, su trono y su autoridad a la bestia. Los imperios cambian de nombre, pero el espíritu es el mismo. Roma pagana se transformó en Roma papal, y de allí nacieron los sistemas secretos de control: la masonería, las sociedades discretas y las organizaciones internacionales.
Nada de esto es nuevo. Lo que antes era llamado “teoría conspirativa” ahora es visible para quien tenga ojos espirituales. Lo que antes era sospecha, hoy es noticia”.
La corrupción del Cristianismo Moderno
El cristianismo institucional ha perdido el poder espiritual que lo sostenía. En su lugar, ha adoptado un modelo teatral: templos adornados, música emocional, promesas de prosperidad y mensajes de motivación.
Pero el mensaje del Evangelio —la cruz, el sacrificio, la obediencia, la santidad— ha sido reemplazado por un cristianismo cómodo, superficial, domesticado por el mundo.
“¿Rima eso con la verdad proclamada bajo el estandarte manchado de sangre del Príncipe Emanuel?”, podemos preguntar retóricamente . “No. Es una abominación disfrazada de religión”.
El Cristo que se predica hoy no es el Verbo eterno hecho carne, sino un Cristo comercial, hecho a medida del consumidor. La espiritualidad se ha convertido en mercado; la fe, en espectáculo; y la iglesia, en una empresa.
El retorno del poder Papal
El Papado nunca desapareció, solo cambió de estrategia. Durante siglos, ejerció dominio abierto sobre los reinos de Europa. Luego, con la herida mortal de 1798, pareció caer. Pero, como dice Apocalipsis 13, “su herida mortal fue sanada, y toda la tierra se maravilló en pos de la bestia”.
Esa sanación comenzó en el siglo XX con el Concilio Vaticano II y la diplomacia vaticana. Hoy, el Papa es recibido como autoridad moral mundial. Los líderes políticos —ya sean comunistas, capitalistas o musulmanes— buscan su aprobación.
“El comunismo mismo fue un experimento jesuita”, “Nació en las reducciones del Paraguay, donde los Jesuitas crearon sociedades colectivistas siglos antes de Marx y Lenin. Lo que hoy llamamos socialismo global es el fruto maduro de esa semilla antigua”.
El poder tras los movimientos sociales: la juventud como instrumento
Podemos observar los levantamientos recientes en África y América Latina, como el de Madagascar, liderado por jóvenes que se autodenominan “Generación Z”. Estos movimientos, dice, no son espontáneos. “Para generar disturbios, hay que movilizar a la juventud”.
Recuerda cómo en la Revolución Francesa, los movimientos estudiantiles del siglo XX o las revueltas culturales, la juventud fue usada como motor de cambio social.
“Los Jesuitas saben canalizar la pasión juvenil hacia fines políticos. La música, las emociones, la rebeldía, todo puede manipularse”.
Pero Cristo también tuvo una juventud alrededor suyo: los discípulos eran jóvenes, y su energía fue dirigida por el Espíritu Santo, no por el espíritu del error. Por eso, la pregunta no es si los jóvenes serán parte del cambio, sino quién dirigirá su energía: Dios o el enemigo.
Dos fuentes de poder: el falso y el verdadero
En este punto, se contrastan dos tipos de poder: el poder divino del Espíritu Santo y el poder terrenal del sistema Papal.
“¿A qué fuente quiero estar conectado?” “¿Al Espíritu Santo o al poder global Papal?”.
El verdadero poder, dice, es el que Cristo prometió a sus discípulos en Hechos 1:8: “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo”.
Pero el enemigo ofrece un poder alternativo: emocional, espectacular, hipnótico, centrado en los sentidos. Ese poder se manifiesta en el movimiento carismático, donde la gente confunde la euforia con la presencia divina.
El Espíritu de Dios convence de pecado y transforma el carácter; el poder falso entretiene, manipula y lleva a la exaltación humana.
Una advertencia sobre el engaño espiritual
El enemigo siempre busca falsificar lo genuino. Por eso, el cristiano debe aprender a discernir entre lo verdadero y lo falso.
El movimiento carismático, con su emocionalismo, su énfasis en señales y milagros, y su abandono de la doctrina, prepara el terreno para el gran engaño final.
En palabras del Apocalipsis, “hace grandes señales, de tal manera que aún hace descender fuego del cielo”. Pero ese fuego no es el Espíritu Santo, sino un fuego de engaño, una falsificación del poder divino.
El avance del control global y la prisión digital
A continuación describiremos una de las señales más alarmantes del tiempo final: el surgimiento del sistema de identificación digital global, vinculado a las monedas digitales y al control financiero total.
No se trata, dice, de una teoría conspirativa, sino de una estrategia reconocida por los propios líderes mundiales. “El objetivo no es tu seguridad —advierte—, sino tu control”.
El experimento comenzó en India, donde millones de personas fueron obligadas a usar un sistema de identidad biométrica vinculado a sus teléfonos inteligentes. Sin esa identificación, no podían acceder a alimentos, atención médica ni educación. Lo que comenzó como un programa social se transformó en una prisión digital para la humanidad.
La tecnología, diseñada para “facilitar la vida”, se convierte en un instrumento de vigilancia total. “Pronto nadie podrá comprar ni vender si no está conectado al sistema”, dice Veith, citando Apocalipsis 13. Pero aclara que el sistema digital no es la marca de la bestia; es la herramienta mediante la cual esa marca será impuesta.
La marca de la bestia y el sello de Dios
El catolicismo romano ha declarado abiertamente que su “marca de autoridad” es haber cambiado el día de reposo del sábado al domingo.
Esa afirmación —registrada en documentos oficiales y catecismos— no es una invención protestante, sino la confesión del propio sistema Papal.
Por tanto, la “marca de la bestia” es la señal de obediencia a la autoridad humana por encima de la divina, mientras que el sello de Dios es la obediencia a su ley, representada en el sábado del cuarto mandamiento.
Cuando la iglesia romana cambió el día de adoración, reclamó el poder de alterar la ley divina, un acto de blasfemia. Así, la adoración dominical no es en sí misma el problema, sino la autoridad que la impuso. Cuando el mundo acepte esa autoridad bajo coerción legal, la marca quedará impuesta.
“Esa es la batalla final —afirma—: ¿obedeceremos al Creador o al sistema humano que usurpa su lugar?”
La red jesuita y el control financiero mundial
Introducimos el testimonio de Karen Hudes, exabogada del Banco Mundial, quien reveló la existencia de una “Agencia de Inteligencia del Vaticano”. Según ella, los Jesuitas dirigen el sistema bancario global, controlan las agencias de inteligencia y manejan los impuestos internacionales.
“Todos los bancos están confabulados —explica—, y el dinero se destina a mantener el control, no la libertad.”
Hudes denunció que las instituciones financieras operan como una red jerárquica, en la que el Vaticano ocupa la cúspide. Debajo de él se encuentran el Banco de Pagos Internacionales, el Fondo Monetario y los bancos centrales. Los gobiernos, las corporaciones y los ciudadanos comunes son solo engranajes de un mecanismo diseñado para concentrar poder.
“Lo que esta mujer descubrió no es más que la confirmación moderna de lo que la profecía había anunciado hace dos mil años”.
La falsa cristiandad y el engaño religioso
No todo lo que se llama cristiano tiene luz. En Isaías 8:20:
“¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, no les ha amanecido.”
Ni el Papado —que cambió la ley de Dios— ni las iglesias que enseñan que la ley fue abolida, están en armonía con la Palabra.
El cristianismo institucional ha entrado en tinieblas. Los púlpitos predican evolución, psicología positiva o activismo social, pero han dejado de predicar el arrepentimiento y la santidad.
“Si enseñas evolucionismo —dice—, no tienes luz. Si eres una iglesia que lo hace, estás en oscuridad.”
El enemigo ha logrado infiltrarse no solo en la política, sino también en la religión.
La batalla no es ya entre catolicismo y protestantismo, sino entre la verdad y el error, entre la Biblia y la filosofía humana.
La religión verde: el cambio climático como instrumento de control
El tema se desplaza hacia la agenda ecológica. Podemos ver cómo el cambio climático se ha convertido en la nueva religión mundial. Mientras Donald Trump calificó el calentamiento global como “la mayor estafa jamás perpetrada”, el Papa lo bendijo simbólicamente con un cubo de hielo, transformándolo en sacramento moral.
La Iglesia Católica —a través de su encíclica Laudato Si’— promueve un nuevo concepto de pecado: el pecado ecológico. La Tierra, presentada como “Madre”, debe ser adorada, y el día de reposo dominical se propone como una medida ambiental. “Un día de descanso reducirá las emisiones de CO₂”.
Así, la defensa del planeta se convierte en un argumento moral para imponer la observancia dominical.
El ambientalismo, en su forma religiosa, sustituye la redención por la conservación, el arrepentimiento por la reducción de carbono, y el Creador por la creación.
“Es una idolatría sofisticada”, “un retorno al paganismo con ropaje científico”.
La unión Iglesia-Estado en Estados Unidos
El autor analiza cómo Estados Unidos, el país que nació proclamando la libertad religiosa, está caminando hacia la unión de iglesia y estado.
Muestra declaraciones del expresidente Donald Trump, quien dijo: “Estamos recuperando la religión en nuestro país. Para que Estados Unidos sea grande, debe ser una nación bajo Dios.”
Estas palabras, aunque parecen piadosas, representan la transformación de la segunda bestia de Apocalipsis 13: la nación que tenía “dos cuernos como de cordero”, pero “hablaba como dragón”.
El establecimiento de una “Oficina de Fe” en la Casa Blanca marcó el inicio del fin de la separación constitucional.
El nacionalismo cristiano, mezcla de patriotismo y religión, prepara el terreno para la imposición de leyes morales basadas en principios eclesiásticos.
Cuando los líderes políticos comienzan a legislar sobre la base de la religión, la libertad de conciencia se extingue.
La nueva religión del patriotismo cristiano
En este contexto, el autor cita el funeral de Charlie Kirk, líder del movimiento juvenil conservador Turning Point USA.
El evento fue presentado como una liturgia nacionalista: banderas, cánticos, oraciones y retórica bélica.
Kirk fue exaltado como mártir, su muerte interpretada como “sacrificio”. Se habló de “la iglesia de Charlie”, comparándolo con Cristo.
Veith observa los símbolos: cruces, rosarios, retórica de guerra espiritual, referencias al “reino de Dios en América”.
“Esto —dice— es la religión del dragón. El cordero que habla como dragón. Es una parodia de la verdadera fe.”
Lo que se está gestando es una espiritualidad patriótica, donde Dios es invocado para justificar la guerra, el control y la intolerancia. El cristianismo se convierte así en ideología política.
El nuevo Departamento de Guerra
El nuevo secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien anunció: “La era del Departamento de Defensa ha terminado. Quienes anhelan la paz deben prepararse para la guerra.”
Las palabras no son solo retórica militar. Representan el espíritu que domina la política mundial: un espíritu de conquista disfrazado de fe.
El cambio simbólico —de “Defensa” a “Guerra”— refleja el cumplimiento de la profecía: “Y se le concedió hacer guerra contra los santos y vencerlos”.
“Estamos presenciando —dice— la reactivación del antiguo ideal Papal: la cristiandad militante, la cruzada en nombre de Dios.”
La cruzada americana: el reino de Dios falso
Hegseth, autor del libro La Cruzada Americana, declara que el propósito de Estados Unidos es “restaurar el reino de Dios en la Tierra”. Pero Veith responde con Daniel 2:44:
“En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido.”
El reino de Dios no lo establecen los hombres ni los gobiernos. No lo hace la espada ni la ley humana, sino el regreso de Cristo.
Todo intento humano de establecer un “reino cristiano mundial” es una falsificación.
El nacionalismo religioso, al unir poder civil y eclesiástico, repite la historia medieval: el dragón vuelve a hablar a través de la bestia.
Roma y las bestias del Apocalipsis
En el capítulo 7 de Daniel: cuatro bestias que representan imperios —Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma—.
La cuarta bestia, “espantosa y terrible”, devora toda la tierra.
De ella surge un cuerno pequeño con ojos de hombre y boca que habla grandes cosas: el sistema Papal.
Ese poder cambia los tiempos y la ley, persigue a los santos y busca ocupar el lugar de Dios. Pero Daniel ve el fin:
“Se sentaron tronos, y el Anciano de Días se sentó… y se dio el juicio a los santos del Altísimo.”
Veith enfatiza que la historia se repite. Lo que fue en la Edad Media, será otra vez en los últimos días: la unión del poder político, religioso y militar para imponer la autoridad del dragón.
La inminencia del fin
“Estamos tan cerca del fin”, dice el autor con solemnidad.
La estructura profética está completa:
- El poder Papal ha resurgido.
- La economía mundial está centralizada.
- La tecnología permite el control total.
- El nacionalismo religioso fusiona iglesia y estado.
- El ecumenismo destruye la diferencia entre verdad y error.
Todo está listo para el gran desenlace.
La batalla final no será entre naciones, sino entre dos sistemas de adoración: el sello de Dios y la marca de la bestia.
El orador concluye con una exhortación: “Ha llegado el tiempo de decidir a quién servimos. No es momento de miedo, sino de fe. El que esté del lado del Cordero, vencerá”.
Conclusión
El mensaje del autor no es una teoría conspirativa ni un alarmismo político, sino una lectura profética de los eventos contemporáneos. Cada tendencia global —digitalización, crisis ambiental, fusión iglesia-estado, religión emocional, control financiero— apunta a un mismo desenlace: el retorno del poder del dragón disfrazado de luz.
Sin embargo, la profecía asegura que la historia no terminará con la victoria del mal, sino con la manifestación gloriosa del Hijo del Hombre. El reino de Dios no se impone por decreto ni por guerra, sino por la palabra, la fe y la fidelidad de los santos.
Este contenido ha sido desarrollado a partir de la conferencia del Dr. Walter Veith (Eventos Finales, los Jesuitas y el Control del Mundo)
Recopilación y edición: Augusto E.V.
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