Seminario de Adoración: 1 ¿Qué es la Alabanza? - Tres características esenciales de la alabanza

 



¿Qué significa “alabar” o “alabanza”?

Estas palabras provienen de tres raíces hebreas:
  • halal: alabar y glorificar
  • yadah: dar gracias, confesar
  • tehillah: canto o himno que exalta a dios
En conjunto, la alabanza es elogiar a Dios, exaltar su nombre, reconocer sus atributos y darle gracias. En la Biblia, la palabra “alabanza” aparece más de 170 veces, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El Salmo 150:6 dice: 
    “Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya”
Este era parte del himnario de Israel y nos invita a alabar a Dios. En el Nuevo Testamento, Hebreos 13:15 nos exhorta: 
    Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”.
La alabanza, entonces, es parte del corazón de la adoración a nuestro Dios.

Tres características esenciales de la alabanza

1. Intencional y consciente
La alabanza surge de una mente que razona, no solo de una emoción. Pablo lo confirma en Romanos 12:1, cuando nos llama a presentar nuestros cuerpos como “sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.
Esto significa que la alabanza debe involucrar todo nuestro ser. A veces nuestras alabanzas son “muertas” no porque los himnos sean aburridos, sino porque presentamos a Dios un sacrificio muerto: vamos sin gozo, sin conexión diaria con Él. La alabanza debe ser agradable a Dios, no a nosotros. Aunque cada persona tiene un estilo personal para expresar su adoración, siempre debemos preguntarnos: ¿Esto agrada a Dios?. Para eso es necesario conocerlo. El Salmo 100:3 nos recuerda:
    “Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos”.

2. Un acto de obediencia
Alabar a Dios no es opcional; es un mandato. Salmos 100:1 dice: “Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra”. No es un consejo, es una orden. Por eso, no debemos alabar solo si tenemos ánimo o si la música “nos gusta”. La alabanza genuina es alegre, pero esa alegría nace de un corazón agradecido, no de un impulso momentáneo.

3. Centrada en quien recibe la gloria, no en quien la da
La atención debe estar en Dios, no en el músico, el director o quien canta. 1 Crónicas 16:25-27 lo deja claro:
    “Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza…”.
David entendía que Dios merece lo mejor, por eso preparó músicos de excelencia. Sin embargo, el objetivo no era lucirse, sino exaltar al Creador. Cuando buscamos destacar más que la congregación o atraer miradas hacia nosotros, la alabanza pierde su esencia. El verdadero reconocimiento no se trata de impresionar, sino de conectar a otros con el cielo.

La raíz de la verdadera alabanza

No podemos agradar a quien no conocemos. La alabanza congregacional será viva solo si antes hay alabanza en la vida personal y familiar. Además, la alabanza es un don de Dios. Filipenses 2:13 afirma:
    “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.
Incluso nuestro deseo de alabar proviene de Él.
La alabanza nace en nosotros porque primero nació en Dios. 
1 Juan 4:19 dice:
    “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero”.
Si vivimos conectados con Él durante la semana, llegaremos al sábado con el corazón lleno de gratitud.

Preguntas para reflexionar
  • ¿es mi alabanza viva o muerta?
  • ¿obedece a una relación personal con Dios o es solo un formalismo?
  • ¿busca llamar la atención hacia mi o exaltar únicamente a Dios?
Invertir en la alabanza

Ninguna civilización ha prescindido de la música. Si invertimos tiempo y recursos para aprender a cantar mejor o tocar un instrumento para la gloria de Dios, la alabanza en la iglesia sería más poderosa. Una congregación preparada no necesita recurrir a música extraña para “animarse”; el Espíritu Santo produce una alabanza viva que agrada y satisface a nuestro Dios.
Cuando la alabanza agrada a Dios, nosotros somos bendecidos. Y al salir bendecidos, podemos bendecir a otros.

Conclusión

Si quieres que la alabanza cambie en tu vida y en tu iglesia, cambia tú primero. Prepárate para alabar desde hoy. Estamos en este mundo para aprender a alabar a Dios, preparándonos para el día en que nos uniremos al coro celestial, tocando arpas y cantando alabanzas que resonarán por toda la eternidad al Cordero, Cristo Jesús. Que nuestra alabanza crezca y se perfeccione cada día, hasta la manifestación gloriosa de nuestro Señor.


Este contenido ha sido desarrollado a partir de la conferencia de Nelson Berrio (La batalla final por la verdadera adoración)
Recopilación y edición: Augusto E.V.


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