¿Estás realmente preparado para el Sello de Dios, la Crisis Final y los 144.00?
Un llamado a la consagración
El tema de hoy es “El mensaje del sellamiento para nuestro tiempo”. Como adventistas del séptimo día, creemos en la segunda venida de Cristo y comprendemos que antes de ese acontecimiento, su pueblo recibirá el sello del Dios vivo. Este mensaje es más relevante hoy que nunca.
El contexto profético de Apocalipsis 7
El capítulo 7 de Apocalipsis abre con una visión de cuatro ángeles que detienen los vientos de la tierra hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes. Este momento ocurre justo antes del regreso de Jesús. Para entenderlo, es necesario mirar lo que precede a este pasaje: el capítulo 6 describe los primeros seis sellos, que trazan la historia de la iglesia cristiana desde sus orígenes.
El primer sello, representado por un caballo blanco, muestra a la iglesia primitiva conquistando con pureza y poder. El segundo, un caballo rojo, representa la iglesia perseguida. El tercero, el caballo negro, simboliza la corrupción doctrinal. Y el cuarto, el caballo pálido, muestra una iglesia enferma y apóstata.
Luego viene el quinto sello, donde las almas bajo el altar claman: “¿Hasta cuándo, Señor, no juzgarás y vengarás nuestra sangre?” Este clamor simboliza la protesta por las injusticias sufridas por el pueblo de Dios durante la Edad Media. Finalmente, el sexto sello introduce una serie de señales proféticas: un gran terremoto, el oscurecimiento del sol y la caída de las estrellas, señales que Jesús mismo anunció como precursoras de su venida (Mateo 24; Lucas 21).
El gran terremoto de Lisboa de 1755, el día oscuro de 1780 y la caída de las estrellas en 1833 cumplen esta secuencia profética. Sin embargo, han pasado casi dos siglos desde entonces. ¿Por qué Jesús aún no ha regresado? Apocalipsis 7 da la respuesta: los ángeles detienen los vientos hasta que el pueblo de Dios sea sellado. Solo cuando el proceso de sellamiento esté completo, los vientos serán soltados y los juicios finales vendrán sobre la tierra.
El significado del sello del Dios vivo
El ángel que asciende del oriente trae consigo el sello del Dios viviente. En la Biblia, el sello representa propiedad, autenticidad y autoridad. Como adventistas, entendemos que el sábado del séptimo día es el sello distintivo de Dios, pues en el mandamiento del sábado encontramos su nombre (“el Señor tu Dios”), su título (Creador) y su jurisdicción (los cielos y la tierra).
No obstante, el sello no es solo un símbolo externo. En Ezequiel se dice que el sábado es una señal de que Dios santifica a su pueblo. Es decir, no basta con guardar el sábado externamente; debe reflejar una transformación interior. El sello de Dios se coloca sobre un pueblo santo, purificado por su gracia. Los 144.000 representan ese grupo: personas redimidas que fueron transformadas por el poder del Espíritu Santo.
Incluso entre las tribus de Israel mencionadas en Apocalipsis 7 encontramos nombres de hombres que fallaron gravemente, como Rubén, Simeón y Judá. Sin embargo, sus vidas fueron cambiadas. Esto nos recuerda que Dios puede sellar también a quienes fueron pecadores, si se dejan moldear por su gracia.
La santificación y el verdadero reposo
El sábado es un recordatorio visible del poder santificador de Dios. Como señala El Deseado de Todas las Gentes (p. 283): “A fin de santificar el sábado, los hombres mismos deben ser santos. Por la fe deben llegar a ser partícipes de la justicia de Cristo.”
Por lo tanto, el sábado no es meramente asistir a la iglesia, sino vivir una vida apartada del pecado. Si pasamos la semana desconectados de Jesús, no estamos realmente guardando el sábado. Dios desea sellar a un pueblo que, por su gracia, refleje su carácter y se aparte de la idolatría moderna.
Maranata (p. 200) añade: “El sello de Dios no es un sello visible, sino un afianzamiento en la verdad, tanto intelectual como espiritualmente, de modo que los sellados son inconmovibles.”
Este doble afianzamiento implica comprender la verdad bíblica y vivirla espiritualmente. No basta conocer las doctrinas correctas; es necesario poseer el carácter de Cristo.
La madurez espiritual y la crisis final
El sellamiento tiene un propósito: preparar al pueblo de Dios para el zarandeo y la crisis final. Cuando los fieles estén sellados, los cuatro vientos serán soltados y se desatarán las pruebas finales. Dios no busca cristianos inmaduros, sino creyentes con una fe firme, capaces de reflejar a Cristo durante la gran tribulación.
Así como un estudiante no puede aprobar un examen de medicina sin madurez, Dios no permitirá que su iglesia entre en la crisis final sin haber alcanzado crecimiento espiritual. Las siete iglesias del Apocalipsis culminan con la odisea, que representa a un pueblo tibio y autosuficiente. Jesús toca a la puerta y llama: “Sé celoso y arrepiéntete”. Solo cuando la odisea permita que Cristo entre, podrá recibir el sello del Dios vivo.
Fe probada en el fuego
La fe se refina a través de la aflicción. Pedro compara este proceso con el oro probado en fuego (1 Pedro 1:7). Muchos creyentes oran por mayor fe, pero no comprenden que esta solo se desarrolla enfrentando pruebas.
El predicador comparte su propia experiencia: una caída por las escaleras le causó la rotura del brazo y daño al nervio radial, impidiéndole extender la muñeca. A pesar de múltiples cirugías, oraciones y tratamientos, no ha recuperado la movilidad. Algunos le dijeron que le faltaba fe, pero recordó las palabras del apóstol Pablo: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.
A veces se necesita más fe para aceptar una prueba que para recibir una sanidad. Dios no siempre remueve el dolor, pero usa las aflicciones para purificar la fe y preparar un pueblo firme. Cada dificultad, ya sea una enfermedad, un conflicto familiar o una pérdida, puede ser el fuego donde se forma la fe salvadora.
Los 144.000: un pueblo transformado
El grupo de los 144.000 representa a quienes han sido completamente transformados. Ellos “siguen al Cordero por dondequiera que va” (Apocalipsis 14:4). Seguir al Cordero implica aceptar las pruebas y las cruces que Jesús permite en esta vida. No todos los redimidos de las tribus originales están incluidos; Dan y Efraín están ausentes. Dan representa el espíritu crítico y difamador, mientras que Efraín simboliza la idolatría persistente. Dios puede redimir pecadores sexuales como Rubén o Judá, pero no a los que persisten en el chisme o la idolatría del yo.
Hoy existen ídolos modernos —orgullo, poder, comodidad, entretenimiento— que nos apartan del Señor. Cualquier cosa que se anteponga a la obediencia se convierte en un ídolo. Dios nos llama a romper esos lazos y a depender completamente de su gracia.
El sello y el testimonio final
Ellen G. White escribe en Testimonios para la Iglesia, tomo 5, p. 213: “No todos los que profesan observar el sábado serán sellados. Aún entre los que enseñan la verdad hay muchos que no recibirán el sello de Dios.”
Tener conocimiento doctrinal no basta; se requiere una experiencia viva con Cristo. Muchos comprenden la verdad pero no la practican. Dios anhela un pueblo que no solo conozca la luz, sino que viva conforme a ella, reflejando su carácter.
Se acerca el tiempo en que los ángeles soltarán los vientos y el ángel del oriente traerá el sello del Dios viviente. Cuando eso ocurra, el pueblo sellado reflejará plenamente la gloria divina: la tierra será iluminada con la luz del carácter de Cristo (Apocalipsis 18). Ya no será solo una proclamación de los tres mensajes angélicos, sino una demostración viva del poder transformador de Dios.
Preparados para el regreso de Cristo
El fin se acerca rápidamente. Los movimientos finales serán breves y decisivos. Este no es un llamado a la emoción pasajera, sino a la rendición completa. Es hora de permitir que Jesús entre plenamente en el corazón, de dejar que el Espíritu Santo selle nuestras mentes con la verdad y que su carácter se vea reflejado en nuestras vidas.
Cuando los músicos entonan el himno “No sabemos la hora” (n.º 604), resuena el mensaje central: no conocemos el momento exacto de la venida de Cristo, pero debemos estar listos ahora. Que cada uno examine su vida, elimine lo que impide la presencia de Jesús y se entregue completamente al Señor.
Porque muy pronto, cuando el cielo se abra como un pergamino, solo permanecerán en pie aquellos que lleven el sello del Dios vivo en sus frentes —un pueblo santo, maduro en la fe, que sigue al Cordero dondequiera que vaya—.
Este contenido ha sido desarrollado a partir de la conferencia del Dr. Norman McNulty (¿Estás realmente preparado para el Sello de Dios, la Crisis Final y los 144.00?)
Recopilación y edición: Augusto E.V.
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