Vosotros sois la luz del mundo - Como conocer nuestra identidad, deber y destino



Vosotros sois la luz del mundo

Cuando Jesús declaró a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14), estaba entregándoles la misión más trascendental que la iglesia haya recibido. No se trataba de una frase inspiradora para levantar el ánimo, sino de una definición de identidad y propósito.
La luz tiene una función sencilla pero poderosa: disipar la oscuridad. Donde hay tinieblas, basta con encender una llama, y automáticamente la oscuridad retrocede. Lo mismo ocurre en el plano espiritual. Cristo es la verdadera luz, y mientras estuvo en la tierra Él iluminó a la humanidad con su carácter, su verdad y su amor. Al ascender al cielo, dejó esa tarea en manos de su iglesia. Somos nosotros quienes ahora debemos reflejar su gloria y disipar las tinieblas que dominan al mundo.

Una batalla sin tregua

La Escritura nos recuerda que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra “principados, potestades y gobernadores de las tinieblas” (Efesios 6:12). Este conflicto no admite neutralidad ni descanso: o avanzamos conquistando terreno para Cristo, o las tinieblas avanzan sobre nosotros. No hay tregua.
La iglesia no existe simplemente para entretener, socializar o mantener tradiciones. Su única razón de ser es ser luz en medio de la oscuridad. Cada congregación, cada hogar y cada creyente tienen la responsabilidad de iluminar con el carácter de Cristo a su alrededor. Si no lo hacemos, la oscuridad crece y se fortalece.

El contraste con los pioneros

Cuando miramos hacia atrás y contemplamos la entrega de los pioneros de nuestro movimiento, no podemos evitar conmovernos. Ellos sacrificaron todo: tiempo, recursos, salud y hasta su vida para que el evangelio llegara a más personas. Hoy, al compararnos con su fervor, pareciera que apenas alcanzamos una mínima parte de su entrega. Y esto debería llevarnos no al desaliento, sino a un sincero examen del corazón.
La pregunta que resuena es directa: ¿estamos cumpliendo con el llamado a ser misioneros? Porque esa no es una tarea opcional ni secundaria, es nuestra identidad. Todo lo demás en nuestra vida debería girar alrededor de esa misión.

La luz que transforma vidas

Ser luz no significa simplemente predicar palabras bonitas o sostener doctrinas correctas. La verdadera luz se manifiesta en vidas transformadas. Un cristianismo que no cambia el carácter, el hogar y las relaciones, no tiene poder para cambiar al mundo.
Si nuestros hijos no ven en casa la realidad de un Cristo vivo en sus padres; si nuestros vecinos no perciben en nosotros bondad, paciencia y amor; si nuestro entorno no recibe esperanza de nuestra parte, entonces nuestra fe es solo teoría vacía. El mundo no necesita discursos huecos, sino testigos vivos de la gracia de Dios.

El peligro del compromiso

A lo largo de la historia, Satanás ha intentado destruir a la iglesia de dos maneras: mediante la persecución y mediante el compromiso con el mundo. La persecución, aunque dolorosa, purifica y fortalece. Pero el compromiso —la mezcla con la oscuridad— es letal, porque apaga la luz desde dentro. Cuando la iglesia adopta los valores del mundo y renuncia a la santidad, pierde su poder espiritual.
Por eso Jesús fue claro: “Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder”. El cristianismo verdadero es visible, inconfundible, atractivo por contraste. Cuanto más diferentes seamos del mundo, más atractivo será el evangelio para quienes buscan esperanza.

Un llamado urgente

Hoy, más que nunca, el mundo necesita ver la luz de Cristo reflejada en su iglesia. Hogares restaurados, matrimonios fieles, jóvenes consagrados, iglesias activas en la misión: esa es la verdadera evidencia de que el evangelio tiene poder.
Ser luz implica sacrificio, disciplina y entrega diaria. Pero también es el mayor privilegio: participar con Cristo en el rescate de almas y en la preparación de un pueblo que aguarda su pronto regreso.
La oscuridad que domina en nuestra sociedad no es más fuerte que la luz de Cristo. El verdadero problema es cuando los hijos de Dios esconden esa luz bajo el almud. El llamado es urgente y claro: despertar, brillar y llevar esperanza a un mundo que perece en tinieblas.
Porque Jesús no dijo que podríamos ser luz. Dijo: “Vosotros sois la luz del mundo”. Esa es nuestra identidad, nuestro deber y nuestro destino.

Este contenido ha sido desarrollado a partir de la conferencia del Pr Samuel Braga ("Vosotros sois la Luz del mundo")
Recopilación y edición: Augusto E.V.

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