La oración: primera parte - Introducción
Introducción
La oración es el aliento del alma. Es la forma en que el hombre puede entrar en contacto directo con Dios. Es el privilegio más sublime que se nos ha dado, porque por medio de ella tenemos acceso al trono del universo. La oración no es un ritual vacío, ni una repetición mecánica de palabras, sino una experiencia viva, en la que el corazón se abre a Dios como a un amigo.
Este estudio busca resaltar la importancia de la oración en la vida del cristiano, mostrar cómo fue un pilar en la experiencia de los hombres y mujeres de Dios en la Biblia, y advertir acerca de los obstáculos que intentan apagar ese espíritu de comunión con el Señor.
La necesidad vital de la oración
La oración es una necesidad tan real como el aire que respiramos. El cristiano que no ora se debilita, pierde la fuerza espiritual y queda vulnerable a las tentaciones. La oración es la savia de la vida cristiana.
El ejemplo de Cristo es elocuente. Jesús dedicaba largos momentos a la oración, incluso en medio de su ministerio lleno de multitudes que demandaban su atención. Se apartaba a lugares solitarios, de madrugada o de noche, para hablar con su Padre. Siendo el Hijo de Dios, sintió la necesidad de orar; cuánto más nosotros, débiles y pecadores, necesitamos orar sin cesar.
Daniel también es un ejemplo destacado. A pesar de las amenazas de muerte, no abandonó su costumbre de orar tres veces al día. La fidelidad de este hombre se explica justamente por su vida de oración constante.
El poder de la oración
La oración abre las ventanas del cielo. Santiago 5:16 enseña:
“La oración eficaz del justo puede mucho”.
Esto no significa que la oración en sí tenga poder, sino que es el canal por el cual el poder infinito de Dios se comunica con nosotros.
“La oración eficaz del justo puede mucho”.
Esto no significa que la oración en sí tenga poder, sino que es el canal por el cual el poder infinito de Dios se comunica con nosotros.
Cuando un hijo de Dios ora, dos cosas suceden: primero, su corazón se transforma, porque al hablar con Dios su voluntad se somete a la voluntad divina; segundo, Dios responde enviando a sus ángeles para obrar a favor del creyente. De esta manera, la oración cambia vidas, cambia situaciones y, sobre todo, cambia al que ora.
La oración en el conflicto espiritual
La vida cristiana es una batalla constante. El apóstol Pablo describe la armadura espiritual en Efesios 6, y allí enfatiza que debemos orar en todo tiempo, con toda oración y súplica en el Espíritu.
Satanás sabe que un cristiano que ora es un cristiano fuerte. Teme más a un hijo de Dios de rodillas que a una multitud sin oración. Por eso se empeña en distraernos, cansarnos y enfriar el espíritu de oración. Si logra que no oremos, nos ha vencido, porque nos desconecta de la fuente del poder divino.
Obstáculos que impiden orar
Muchos cristianos confiesan que la oración a veces se vuelve rutinaria, seca o sin respuesta. Entre los principales obstáculos está la prisa. Vivimos en un mundo acelerado que roba el tiempo y relega lo más importante. Otro impedimento es la duda, porque cuando el corazón no cree en las promesas de Dios, la oración se convierte en palabras vacías.
El pecado acariciado también es un muro que bloquea la oración. Isaías 59:2 lo dice claramente:
“Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios”.
Solo un corazón arrepentido y sincero puede elevar oraciones que lleguen al trono divino.
“Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios”.
Solo un corazón arrepentido y sincero puede elevar oraciones que lleguen al trono divino.
La perseverancia en la oración
Jesús enseñó en Lucas 18:1 que
“es necesario orar siempre y no desmayar”.
La parábola de la viuda y el juez injusto muestra que la perseverancia es clave. No porque Dios se resista a escuchar, sino porque en la espera aprendemos a confiar, a depender y a ser moldeados por su voluntad.
“es necesario orar siempre y no desmayar”.
La parábola de la viuda y el juez injusto muestra que la perseverancia es clave. No porque Dios se resista a escuchar, sino porque en la espera aprendemos a confiar, a depender y a ser moldeados por su voluntad.
El apóstol Pablo también exhorta:
“Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).
Esto no significa pasar las veinticuatro horas de rodillas, sino mantener un espíritu constante de comunión con Dios. Es vivir en una atmósfera de oración, donde cada pensamiento, cada decisión y cada acción se colocan bajo la dirección del Señor.
“Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).
Esto no significa pasar las veinticuatro horas de rodillas, sino mantener un espíritu constante de comunión con Dios. Es vivir en una atmósfera de oración, donde cada pensamiento, cada decisión y cada acción se colocan bajo la dirección del Señor.
El poder de la oración en comunidad
La oración personal es indispensable, pero la oración en comunidad posee un poder especial. Jesús prometió en Mateo 18:19:
"Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos."
que si dos se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, será hecho por el Padre.
"Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos."
que si dos se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, será hecho por el Padre.
En el libro de los Hechos, la iglesia primitiva experimentó ese poder. Estuvieron diez días orando unánimes antes del Pentecostés, y el Espíritu Santo descendió con poder. Cuando Pedro fue encarcelado, la iglesia oraba sin cesar por él, y Dios respondió enviando un ángel para liberarlo. La unidad en la oración desata manifestaciones extraordinarias del poder de Dios.
La oración como expresión de confianza
Orar es confiar. Filipenses 4:6-7 nos dice:
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús".
Estos versículos invita a no afanarse por nada, sino a presentar todas las peticiones a Dios con acción de gracias. La promesa es que la paz de Dios guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. Esa paz no depende de cambios inmediatos en las circunstancias, sino de la certeza de que Dios está al control y hará lo mejor para nosotros.
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús".
Estos versículos invita a no afanarse por nada, sino a presentar todas las peticiones a Dios con acción de gracias. La promesa es que la paz de Dios guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. Esa paz no depende de cambios inmediatos en las circunstancias, sino de la certeza de que Dios está al control y hará lo mejor para nosotros.
La oración es descanso, es refugio, es seguridad en medio de la tormenta. Es abrir el corazón al Creador con la confianza de un hijo que sabe que su Padre le ama.
Conclusión
La oración es el recurso más poderoso que el cristiano posee, pero muchas veces es el menos utilizado. Es la clave de la victoria, la fuente de fortaleza contra la tentación y el vínculo que une la tierra con el cielo.
En esta primera parte hemos visto que la oración es una necesidad vital, que posee un poder transformador, que es esencial en la lucha espiritual, que enfrenta obstáculos y que requiere perseverancia. También hemos recordado el poder de la oración en comunidad y su papel como expresión suprema de confianza en Dios.
El llamado es a redescubrir la oración como prioridad diaria, a vivir en comunión constante con el Señor y a experimentar el gozo de ser fortalecidos por su presencia. Un cristiano que ora es un cristiano victorioso, y una iglesia que ora es una iglesia poderosa.
Este contenido ha sido desarrollado a partir de la conferencia del Pr Samuel Braga (La Oración - 1° parte)
Recopilación y edición: Augusto E.V.
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