El Fuerte Pregón, la Lluvia Tardía y Apocalipsis 18
Introducción y contexto espiritual
El estudio que aquí se presenta fue compartido en un campamento en Michigan y tiene como propósito examinar uno de los temas más solemnes y esperanzadores de la profecía bíblica: el mensaje de Apocalipsis 18 y su relación con el fuerte pregón, la lluvia tardía y la preparación del pueblo de Dios para el regreso de Cristo. Se trata de una meditación en oración y en plena dependencia del Señor, buscando comprender cómo el Espíritu Santo obra en la vida de los creyentes obedientes, y cómo se manifiesta la gloria de Dios a través de un pueblo fiel.
El título, Iluminados con su gloria, proviene de Apocalipsis 18, donde se describe el momento en que la tierra será alumbrada con la gloria del carácter divino. Este pasaje se convierte en un eje central para entender el derramamiento de la lluvia tardía y la proclamación final del evangelio eterno.
La experiencia de Apocalipsis 18: el derramamiento de la lluvia tardía
Apocalipsis 18:1 declara: “Después de esto, vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria”. Este texto describe un evento futuro, la gran manifestación del Espíritu Santo en la historia final de la humanidad. Se trata del momento en que los pecados del pueblo de Dios habrán sido borrados y el Espíritu será derramado sobre un pueblo obediente, preparado para proclamar el fuerte pregón.
El libro de Hechos 5:32 nos recuerda que el Espíritu Santo es dado a quienes obedecen. Por lo tanto, la lluvia tardía no se derramará sobre un pueblo desobediente, sino sobre aquellos capacitados por Dios para vivir en fidelidad. Esta experiencia está directamente conectada con la limpieza del pecado y con lo que la Biblia llama la expiación final. Hechos 3:19-20 explica que, tras el arrepentimiento y la conversión, viene el borramiento de los pecados, seguido de los tiempos de refrigerio y finalmente del regreso de Cristo.
Por tanto, Apocalipsis 18:1 anuncia que cuando la lluvia tardía caiga, será porque la expiación final ha concluido y los pecados del pueblo de Dios han sido borrados. Es una señal clara de que el regreso de Jesús está a las puertas.
El nuevo pacto y la obra del Sumo Sacerdote
Este momento culminante también está ligado al nuevo pacto, tal como se describe en Hebreos 8:10-12: “Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”. Bajo el nuevo pacto, Dios escribe su ley en el corazón y la mente de sus hijos, y sus pecados son borrados para siempre.
Cristo, como mediador, lleva a cabo esta obra en el lugar santísimo del santuario celestial. El resultado es un pueblo obediente, transformado, en cuyos corazones se refleja el carácter de Dios. La ley, santa, justa y buena (Romanos 7:12), es una transcripción del carácter divino. Así, cuando Apocalipsis 18 afirma que la tierra es iluminada con la gloria de Dios, se refiere a un pueblo que refleja su carácter santo, justo y bueno.
La gloria de Dios como revelación de su carácter
La gloria de Dios no es otra cosa que su carácter. Cuando Moisés pidió ver la gloria divina, el Señor le mostró su bondad, misericordia y justicia (Éxodo 34:6-7). Por eso, cuando Apocalipsis habla de que la tierra será iluminada con su gloria, significa que habrá un pueblo que vivirá de tal forma que revelará plenamente el carácter de Cristo.
El fuerte pregón no consiste solamente en predicar un mensaje, sino en demostrarlo. Una proclamación sin una vida que respalde lo dicho carecería de poder. El pueblo de Dios será una demostración viviente del evangelio, testigos fieles que mostrarán al mundo la justicia de Cristo reproducida en sus vidas.
Por qué la lluvia tardía aún no ha caído
Una de las razones por las que la lluvia tardía aún no se ha derramado es porque el pueblo de Dios no está preparado. Todavía no existe un número suficiente de creyentes que vivan en completa obediencia y humildad, permitiendo que Cristo forme en ellos su carácter. Si el Espíritu Santo descendiera en plenitud en la condición actual, los seres humanos correrían el riesgo de atribuirse la gloria, cayendo en orgullo y competencia ministerial. El Señor busca un pueblo humilde que no robe su gloria, sino que viva reflejando la mansedumbre y obediencia de Cristo.
El fuerte pregón y la crisis final
El mensaje de Apocalipsis 18 se da en el contexto de la crisis final: la imposición de la ley dominical. Elena de White explicó que los pecados de Babilonia “llegan al cielo” cuando la ley de Dios es anulada mediante legislación humana. En ese momento, el pueblo de Dios proclamará con poder: “Salid de ella, pueblo mío” (Apocalipsis 18:4), invitando a los sinceros a unirse al remanente que guarda los mandamientos de Dios.
La promulgación de la ley dominical marcará el límite de la iniquidad del mundo y, al mismo tiempo, será el momento de la plena madurez de la justicia en el pueblo de Dios. Esta doble cosecha —de justos y de impíos— preparará el terreno para la intervención definitiva de Cristo.
Las vírgenes prudentes y la preparación espiritual
La parábola de las diez vírgenes (Mateo 25) ilustra esta realidad. El clamor de medianoche, “¡He aquí, el esposo viene!”, es paralelo al fuerte pregón de Apocalipsis 18. En ese momento se revelará quién posee aceite en sus lámparas, es decir, quién tiene el Espíritu Santo y el fruto del Espíritu en su vida. La lluvia tardía no revivirá a plantas muertas; solo madurará lo que ya ha crecido mediante la lluvia temprana.
Por ello, el llamado es a cultivar desde ahora amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Este es el carácter de Cristo, y solo quienes lo posean podrán recibir la lluvia tardía.
Laodicea y el remedio divino
El mensaje a la iglesia de Laodicea (Apocalipsis 3:14-22) es central en este análisis. Esta es la iglesia del tiempo del fin, caracterizada por la tibieza y la autosuficiencia. Cristo la describe como “miserable, pobre, ciega y desnuda”, y le ofrece tres remedios: oro refinado en fuego (fe y amor), vestiduras blancas (su justicia) y colirio (discernimiento espiritual).
La verdadera justicia por la fe no es una cobertura externa, sino Cristo morando en el corazón. Solo cuando abrimos la puerta y lo dejamos entrar, podemos vencer como Él venció y estar preparados para recibir la lluvia tardía.
El sello de Dios y la preparación final
El sello divino se recibe cuando el pueblo de Dios se asienta en la verdad, tanto intelectual como espiritualmente. Este sello está íntimamente ligado al sábado, señal eterna de la relación con el Creador. Guardar el sábado en espíritu y en verdad es reflejo de la comunión diaria con Dios y del reposo que se encuentra en Cristo.
El sello no es una marca visible, sino una experiencia interna: un asentamiento firme en la verdad y en la obediencia. Quienes lo reciban estarán preparados para resistir el zarandeo y permanecer fieles en medio de la crisis final.
El gran conflicto y la estrategia de Satanás
Apocalipsis 12 y 13 revelan el ataque directo de Satanás contra el remanente. Sabe que el Espíritu Santo es dado a los obedientes y, por ello, procura sembrar desobediencia y confusión doctrinal. Sin embargo, el pueblo fiel, sellado con la verdad y el carácter de Cristo, vencerá por medio del Cordero.
Aunque la iglesia parezca a punto de caer, no lo hará. Dios tendrá un pueblo fiel, organizado y unido, que proclamará con poder los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14, preparando así a los 144,000 que estarán de pie al regreso de Cristo.
El fruto del Espíritu y la perfección del carácter
Elena de White señaló que Cristo espera con un deseo ardiente la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá para reclamarlo como suyo. Esto no se refiere a una perfección orgullosa o legalista, sino a la plenitud del fruto del Espíritu en la vida diaria.
El amor, la paz y la paciencia deben reemplazar el odio, la discordia y la impaciencia. Y cuanto más cerca estemos de Cristo, más conscientes seremos de nuestra dependencia de Él. La madurez del fruto del Espíritu es el sello distintivo de los que recibirán la lluvia tardía y participarán en el fuerte pregón.
Conclusión y llamado final
El mensaje de Apocalipsis 18 es la culminación de todo el plan divino en la historia humana. Dios llevará a su pueblo de la tibieza de Laodicea a la plenitud de la experiencia del sello y la lluvia tardía. A través del poder del evangelio eterno, los mensajes de los tres ángeles producirán un pueblo victorioso, que iluminará la tierra con la gloria del carácter de Dios.
Hoy Cristo golpea a la puerta de cada corazón, invitando a abrirle y a entregarle todo. La decisión no debe postergarse. El momento de recibirlo es ahora. Solo así podremos estar preparados para el derramamiento del Espíritu Santo y para decir con gozo, al ver a Jesús en las nubes: “He aquí, este es nuestro Dios, le hemos esperado, y Él nos salvará”.
Este contenido ha sido desarrollado a partir de la conferencia del neurólogo Norman McNulty (Seminario: Acontecimientos del Fin de los Tiempos e Implicaciones Para la Libertad Religiosa)
Recopilación y edición: Augusto E.V.
Comentarios
Publicar un comentario