Capacitación Ganando almas para Cristo – Modulo 1: Luz, no oscuridad


La misión de la iglesia es clara: llevar el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15). Pero antes de salir a compartir las buenas nuevas, debemos comprender que este llamado no comienza en la calle ni en el púlpito, sino en la vida personal de cada creyente. Solo quienes han experimentado la luz de Cristo pueden ser portadores de ella en un mundo lleno de oscuridad. En este primer día de capacitación sobre ganar almas para Cristo, reflexionaremos sobre el contraste entre luz y tinieblas, la necesidad de una vida transformada, y cómo prepararnos espiritualmente para ser testigos eficaces.

1. Cristo, la verdadera luz del mundo

Jesús mismo declaró: 
    “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). 
Este texto establece una verdad fundamental: no hay vida espiritual sin Cristo. Seguirlo no es simplemente aceptar una doctrina o pertenecer a una denominación, sino caminar día a día en comunión con Él. El evangelista que quiere ganar almas debe primero dejarse iluminar por Cristo. La luz no es un concepto, sino una experiencia transformadora. Solo cuando Su presencia llena nuestro corazón, podemos reflejarla en la vida diaria.

2. El contraste entre luz y oscuridad


La Biblia habla constantemente de la lucha entre la luz y las tinieblas. El apóstol Juan escribe: 
    “Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:6).
Aquí se revela una advertencia: no podemos aparentar luz mientras vivimos en oscuridad. La incoherencia destruye el testimonio y aleja a las almas que queremos atraer.
Los cristianos no están llamados solo a predicar, sino a encarnar la diferencia entre lo que es andar en la luz y lo que significa permanecer en la oscuridad. El mundo, cansado de discursos vacíos, necesita ejemplos vivos de hombres y mujeres que reflejen la vida de Cristo.

3. La capacitación del evangelista comienza en lo secreto

Muchos piensan que ganar almas requiere principalmente técnicas, métodos o estrategias. Pero en realidad, la formación del evangelista comienza en lo secreto.
David, antes de enfrentarse a Goliat, había sido preparado cuidando ovejas, enfrentando osos y leones. Así también, el evangelista se forma en la intimidad:
  • EN LA ORACIÓN PERSEVERANTE.
  • EN EL ESTUDIO PROFUNDO DE LA PALABRA.
  • EN LA CONSAGRACIÓN DIARIA Y LA DEPENDENCIA DEL ESPÍRITU SANTO.
No podemos pretender iluminar a otros si nuestro propio corazón está apagado. La misión sin comunión se vuelve activismo estéril.

4. El poder del evangelio: más que palabras

Pablo lo resume de manera contundente: 
    “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).
Ganar almas no se trata de convencer intelectualmente, sino de presentar el poder transformador del evangelio. No ofrecemos teorías religiosas ni filosofías humanas, sino el mensaje que puede cambiar destinos eternos. Por eso, cada cristiano debe preguntarse: ¿Estoy compartiendo palabras o estoy reflejando poder? La diferencia radica en la presencia del Espíritu Santo, quien convence de pecado, justicia y juicio (Juan 16:8).

5. La coherencia como herramienta de evangelismo

Uno de los mayores obstáculos para el evangelismo es la falta de coherencia entre lo que decimos y lo que vivimos. Jesús nos llamó a ser la luz del mundo (Mateo 5:14-16), y esa luz no se manifiesta solo en el sermón dominical, sino en el trato cotidiano, en la honestidad, en la manera de reaccionar frente a las pruebas.

El mundo observa más de lo que escucha. La pregunta no es solamente ¿qué predicamos?, sino ¿qué mostramos con nuestra vida?

6. Llamado a ser portadores de luz

El entrenamiento para ganar almas comienza con un paso esencial: decidir caminar en la luz de Cristo. Ser portadores de luz significa:

  • DEJAR QUE SU CARÁCTER SE FORME EN NOSOTROS.
  • RENUNCIAR A TODO LO QUE PERTENECE A LAS TINIEBLAS.
  • VIVIR EN COHERENCIA ENTRE LO QUE CREEMOS Y LO QUE PRACTICAMOS.
  • ENTENDER QUE CADA ACCIÓN ES UN TESTIMONIO, INCLUSO CUANDO NO HABLAMOS.
Cuando un cristiano vive encendido por la luz divina, se convierte en un faro que atrae naturalmente a otros hacia Cristo.

Conclusión

El artículo nos recuerda que la misión empieza en el corazón del creyente. No se trata de estrategias externas, sino de una experiencia personal con Jesús, la luz verdadera.

El mundo necesita menos discursos y más testigos auténticos. Personas que puedan decir, como el ciego sanado por Jesús:
    “Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Juan 9:25).

Que nuestro compromiso sea este: caminar en la luz para reflejar la luz. Porque solo quienes viven en Cristo podrán guiar a otros hacia Él.


Este contenido ha sido desarrollado a partir de la conferencia del Pr Samuel Braga (Capacitación Ganando almas para Cristo - 1 "Luz no oscuridad")
Recopilación y edición: Augusto E.V.

Comentarios