Los dos grandes enemigos del ser humano
El orgullo y el egoísmo: los grandes males de la vida
El orgullo y el egoísmo son considerados los males más destructivos de la existencia humana. Ambos actúan como un fuego que consume la verdadera felicidad, no solo en esta vida, sino también en la venidera.
El egoísmo y el amor propio concentran en sí mismos todas las cualidades negativas del carácter. Son actitudes que nos alejan de Dios y nos impiden reconocer la grandeza de su amor. La Biblia enseña que el orgullo y la vanidad son aborrecibles ante Dios y también ante los ángeles celestiales. De hecho, mientras más altiva se vuelve la mente humana, menos logra percibir el valor infinito del sacrificio de Jesús en la cruz.
El egoísmo: raíz de todo pecado
El egoísmo no es un simple defecto de carácter, sino la raíz de todo pecado. Nos impulsa a buscar nuestro propio beneficio a costa del bienestar de los demás, y en ese proceso nos hace esclavos de nuestros propios deseos. El orgullo y el egoísmo ciegan el corazón, impidiéndonos alcanzar la verdadera felicidad que solo Dios puede otorgar.
La solución al orgullo y al egoísmo
La pregunta clave es: ¿cómo podemos vencer estas actitudes?
La respuesta está en el amor de Dios. Ese es el único remedio capaz de transformar un corazón orgulloso en uno humilde, y un espíritu egoísta en uno generoso.
Para lograrlo, necesitamos:
- cultivar la humildad, reconociendo que todo lo que somos y tenemos proviene de dios.
- practicar la abnegación, aprendiendo a renunciar a nuestros propios intereses por el bien de los demás.
- pensar en los otros antes que en nosotros mismos, siguiendo el ejemplo de cristo, quien vino al mundo “no para ser servido, sino para servir” (mateo 20:28).
Este contenido ha sido desarrollado a partir de los siguientes escritos COEC, CS, PP, CP, CC, CM, TI de Ellen G. White
Recopilación y edición: Augusto E.V.
Recopilación y edición: Augusto E.V.
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